sábado, 19 de diciembre de 2015

REENCUENTRO MARCHITO


Él –Interno-
Las diez de la noche y te veo ahí, te veo y me hierven las ganas de hablarte ¡mírame!

Ella –Interna-
Te veo, tu mirada me pesa, me llama hacia ti. De inmediato sé quién eres, te reconozco. Voy hacia ti

Ella –Externa- 
-He cambiado ¿Aun me reconoces?

Él –Interno-
Me hablaste. La última vez de un acontecimiento similar, fue en mis sueños, efímeros pero míos. Antes de eso, hace diez años te vi.

Asimilo fácilmente tu pregunta, pero mi voz se anuda.

Los lentes enormes de montura marrón viejo ya no enmarcan tus ojos, ahora noto ciertas franjas oscuras debajo de ellos. Afirman tu falta de tiempo para dormir y excesivas dosis café espresso. Pero ahí siguen las enormes pestañas color azabache que contrastan con tu palidez y tus mínimos ojos. Esos ojos de selva... Y tu vida ¿es igual tu vida?

Él –externo-
-Sigues igual. 
Y tú ¿me reconoces porque no he cambiado?

Ella –Interna-
Diez años atrás fue imposible dejar de hablar, como si cada palabra fuera la última que pronunciaríamos. Horas parecían segundos. Tiempo después te soñé y ahora estás aquí.

Tu entrecejo está un poco arrugado, has estado molesto, has estado muy sólo. Esos cabellos ahora castaños, más oscuro que en aquellos <<nuestros>> días. Siempre hablando en tonos bajos y calmos, siempre con la palabras precisas. No queda rastro del niño que habitaba en tus facciones y en tu ser. Sigue la noche en tus ojos ¿andarás en otros tiempos?

Ella –Externa-
-Sí, también sigues igual. 

Él –Interno-
Con tanto por hablar pero sin más que decir. Habrá tiempo en otra oportunidad, en otro sueño, en otro encuentro. Me conformo con mirar la selva de tus ojos hasta que se acaben los tiempos.

Ella –Interna-
Confirmo lo que esperaba, solo tu rostro me responde, millones de cosas para contar. Las palabras podrían quebrar este momento. Veo la noche en tu mirada, la veo para nunca olvidarla y no quiero dejar de verla. Guardarla para mí eternamente


Quedamos nosotros dos como uno. Nuestro alrededor desapareciendo ¿o desaparecemos nosotros? Sin habla. La noche fundida en la selva. Dos esfinges frente a frente. Se hará infinito este encuentro, vernos marchitar y adormecernos con la vida.

Laura Soto 
2015

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