Creo que como a muchos cuando no
sabíamos leer alguien nos narraba cuentos inventados, poemas o nos leían cortos
libros. Cuando era muy pequeña mi familia compartía cuentos y libros conmigo, a
partir de ese momento algunos escritores con sus historias y relatos trazaron
un camino que marcó mi vehemencia por leer, escribir y sumergirme en esos
tantos universos que me parecen mundos
paralelos.
En la escuela se organizaban
concursos de escritura sobre diferentes temas; tanto poemas como cuentos e
historias de mi autoría no faltaban en aquellos certámenes. Tal vez no eran los
mejores ni los más resaltantes pero al escribir experimentaba como en mi mente
sucedían “explosiones” de fascinantes pensamientos inextinguibles que debían
ser plantados como semillas en cualquier papel que tuviera cerca, y esa
sensación de liberar un pedazo de mí mediante la escritura se convirtió en algo
que no quise dejar de hacer y sentir. Muchos escritores me han acompañado. Los
primeros: Armando José Sequera, Quiroga, Antoine de Saint-Exupéry, Oscar Wilde.
Entre los preferidos: Cortázar, García Márquez, Laura Antillano, Leonora
Carrington, Aquiles Nazoa.
Así se fue definiendo mi
inclinación por las palabras y la relación con las letras que me ha acompañado
al pasar por la escuela y el liceo, hasta este momento decisivo cuando me gustaría elegir la carrera universitaria de Letras como la más cercana a mi vocación literaria.

